EL ALTO PRECIO DE LA VERDAD CIENTÍFICA. TRES HISTORIAS TEÑIDAS DE DRAMA. Por Julio Stampone



“Cambiaré de opinión tantas veces y tan a menudo como adquiera nuevos conocimientos… Compadezco de todo corazón a todos los que después de haber adquirido y expresado una opinión no puedan abandonarla nunca más”.

                                                             Florentino Ameghino (1854-1911)

 


El sabio que temió postular su teoría heliocéntrica, Nicolás Copérnico (1473-1543). Él nació en Thorn o Torún, Prusia Real, Reino de Polonia, hoy República de Polonia. Si bien la idea del heliocentrismo había sido formulada dieciocho siglos antes por el astrónomo y matemático griego Aristarco de Samos (310 a.C. – 230 a.C.), quién anticipándose a su tiempo demostró que la Tierra giraba una vez al año alrededor del Sol, y una vez al día sobre su propio eje. Este modelo fue rechazado por las personas cultas de la época porque se oponía a la visión aceptada en ese momento, de un universo con la Tierra situada en su centro, por lo que continuó prevaleciendo por siglos la teoría geocentrista.

 

El mérito de Copérnico fue el de proponer un sistema astronómico en el cuál el Sol, inmóvil, se situaba en el centro del universo con la Tierra y los demás planetas conocidos en ese momento (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) girando a su alrededor en órbitas circulares y a velocidades uniformes; oponiéndose a las ideas imperantes de Aristóteles y Ptolomeo, que situaban a la Tierra en el centro del universo. Con él, la Tierra perdió su protagonismo.

Cabe destacar que sus observaciones astronómicas las realizó a ojo desnudo, el telescopio se inventó poco más de medio siglo después de su muerte.













Pintura “El Astrónomo Copérnico” de Jan Alojzy Matejko, de fines del siglo XIX.


 El modelo de Copérnico incorporaba también otras ideas avanzadas como:

 1- La Tierra es uno de los varios planetas que en un orden determinado, giran alrededor de un Sol estacionario.

 2- La Tierra tiene tres movimientos: rotación diaria sobre su eje, translación anual alrededor del Sol, e inclinación de su eje.

 3- El movimiento retrógrado de los planetas más alejados de la Tierra, como Marte, Júpiter y Saturno.     Desde la Tierra se ve que estos astros periódicamente se alejan y se acercan al Sol. Copérnico explicó que estos movimientos denominados retrógrados son aparentes no reales. 

 4- La distancia de la Tierra al Sol es pequeña en comparación con la distancia del Sol a las estrellas.

Este médico, matemático, astrónomo y hasta religioso, interpretó bien en contexto social de la época que le tocó vivir, donde sus ideas se oponían al pensamiento eclesiástico; por lo que actúo prudentemente para que su teoría no incomode a la iglesia.










Modelo heliocéntrico en De Revolutionibus Orbium Coeleftium. 
Sobre las revoluciones de las esferas celestes.





Llegando a los cuarenta años de edad, en 1510 o 1512, él retorna su antiguo puesto de canónigo en la catedral de Frauenburg, cargo en el que había sido nombrado en 1497 y dejo para cultivarse en distintas ciencias fuera de su Polonia natal. Para esa época ya tenía elaborada su teoría, pero no la publicó. Temía una mala crítica y dudaba de una reacción favorable de la iglesia.

Poco tiempo después, ansioso de dar a conocer sus descubrimientos sobre los movimientos de los planetas respecto del Sol, hace circular entre amigos y conocidos estudiosos del universo, un manuscrito escrito en latín y sin firma, nadie objetó su autoría, denominado “Commentariolus” (pequeños comentarios). En este documento de cuarenta páginas, por primera vez Copérnico expone sus ideas, omitiendo incluir detalles de las observaciones y cálculos, que se encontrarían contenidos en un trabajo ulterior. No se conoce con exactitud cuando escribió esta obra, pero se estableció que fue antes de 1514, porque con fecha 1º de mayo de ese año aparece en el catálogo bibliográfico de Maciej de Miechów, canónigo e historiador del siglo XVI.

Después de algo más de 30 años de la redacción del manuscrito, en 1536, Nikolaus von Schönberg, arzobispo de Capua, escribió a Copérnico desde Roma y le pidió una copia de sus escritos. Las ideas de Copérnico, habían comenzado a preocupar a la iglesia.

Se sabe que Tycho Brahe obtuvo una copia en 1575, y posteriormente dio a conocer entre estudiantes y colegas como muestra de su respeto científico por Copérnico.

Del Commentariolus sólo sobrevivió una copia manuscrita, que fue impresa y publicada recién en la segunda mitad del siglo XIX.









Impresión del manuscrito “Commentariolus” del siglo XIX.

 

Finalmente, Copérnico concluyó su revolucionaria teoría en la obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), pero no se animaba a publicarla, según algunos por temor al ridículo y a represalias de la iglesia.

De acuerdo a fuentes de la época, se sabe que un joven catedrático de matemáticas y astronomía de la Universidad de Wittenberg de nombre Georg Joachim Rheticus, habiendo tomado conocimiento de la teoría copernicana, en 1539 viajó a Frauenburg para interiorizarse sobre la misma, ahí conoció  a Copérnico, estudió dos años con él, y lo animó a publicar su obra, incluso fue el mismo Rheticus quien llevó el manuscrito a Núremberg para su publicación, que se concretó en 1543.

 

El drama

Cercano el fin de su vida, una versión no confirmada señala que finalizando el año 1542 Copérnico se enfermó y quedó postrado, y sólo lo mantenía vivo la esperanza de ver publicado su libro. Él pasaba la mayor parte del tiempo inconsciente, pero, al despertar el 24 de mayo de 1543, vio a alguien que tenía el anhelado libro en sus manos. Lo tomó, leyó la primera página y no pudo continuar, falleció. No alcanzó a ver la segunda hoja, donde el teólogo luterano Andreas Osiander, encargado de la impresión del libro, con la finalidad de atenuar las probables críticas religiosas que implicaba quitarle a la Tierra su protagonismo, había agregado por su cuenta un prefacio titulado “Ad lectorem” (Al Lector). El texto del prefacio sugería que la teoría heliocéntrica era sólo una hipótesis interesante, que no debía ser entendida como una descripción del universo como este realmente era, sino como una herramienta matemática para aclarar y simplificar los cálculos que tienen que ver con el movimiento de los planetas, y no pretendía ser una verdad literal. Como el texto no estaba firmado se pensó que el autor de la aclaración había sido Copérnico.  Probablemente el prefacio bien intencionado salvó la obra y la memoria del sabio.

La verdadera autoría de prefacio fue descubierta a principios del siglo XVII por Johannes Kepler, quién reveló tal acción al hacer pública la correspondencia mantenida entre Osiander y Rheticus, donde se mencionó el tema.

 

Otra versión de los hechos, exenta de dramatismo, señala que el autor de la teoría heliocéntrica murió el 24 de mayo de 1543, poco antes de la publicación de su libro, por lo que no pudo haber leído el prefacio.

 

En 1616 la Iglesia Católica consideró “falsa doctrina” a la teoría heliocéntrica, ordenando suspender la publicación hasta que fuera corregida, dado que contradecía las interpretaciones bíblicas predominantes en la época al afirmar que el Sol era el centro del universo, no la Tierra. En 1758, durante el papado de Benedicto XVI, el libro de Copérnico fue retirado del Índice de Libros Prohibidos. Y recién en 1992, después de una investigación iniciada por el papa Juan Pablo II, la Iglesia Católica reconoció formalmente la teoría heliocéntrica.

Desde su formulación en 1543 esta teoría tuvo una aceptación limitada, hasta que las observaciones telescópicas del sistema solar realizadas por Galileo Galilei (1564-1642) confirmaron el movimiento de los planetas alrededor del Sol. Mientras tanto, Johannes Kepler (1571-1630) analizando las trayectorias de las órbitas de los planetas comprobó que no eran circulares sino elípticas. Más tarde Isaac Newton (1643-1727) con su ley de la gravitación universal explicaría el porqué del movimiento de los astros; este avance en el conocimiento descartó definitivamente el arcaico concepto de que el movimiento planetario era una cuestión de armonía astral y proporciones matemáticas.

 

La misteriosa muerte de Tycho Brahe (1546-1601). Este prestigioso astrónomo y matemático nació en Escania, hoy Suecia, en ese entonces Dinamarca. Su talento científico era tan grande, que utilizando simples instrumentos disponibles en esa época, incluso algunos diseñados por él, obtuvo importantes logros; entre otros, determinó la posición de unas 800 estrellas, y propuso un sistema solar intermedio entre la concepción geocéntrica y la heliocéntrica, donde los planetas giraban alrededor del Sol, que a su vez se movía alrededor una Tierra estacionaria. Su propuesta no se oponía a la idea religiosa imperante en ese momento de una Tierra posicionada en el centro del universo, pero, indirectamente también apoyaba el sistema copernicano.



 


Sistema de transición entre la teoría geocéntrica y la holocéntrica.

La Tierra estática es el centro del Universo, mientras que los planetas conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) giran alrededor del Sol.

 

También fue él, quien acuño el término “nova”, para designar una nueva estrella que observó en la constelación de Casiopea en 1572; más tarde, en épocas modernas resultó ser una supernova, hoy conocida como Nova Tycho o SN1972. El descubrimiento puso en duda la teoría geocéntrica de Aristóteles, ya que la inalterabilidad de la materia celeste postulada por este filósofo no era tal.

 Siendo Tycho un miembro reconocido de la nobleza; en 1573, se unió, sin casarse para no perder sus privilegios nobiliarios, con la plebeya Kirsten Jorgensdatter, hija de un pastor luterano, escandalizando a la sociedad danesa, no obstante ello, por su noble condición y amplios conocimientos de astronomía logró el apoyo del rey de Dinamarca y Noruega Federico II para financiar un observatorio astronómico, al que llamó Uraniborg (Ciudad del cielo),  donde él y sus más de cuarenta colaboradores, lograron recopilar y corregir numerosos registros astronómicos, obteniendo el reconocimiento científico de toda Europa. Sus observaciones tienen el mérito de haber sido realizadas a ojo desnudo dado que el telescopio aún no había sido inventado.

 

 






Dibujo observatorio astronómico de la Isla de Ven (Uraniborg).

 

Más tarde, en 1599, se estableció en Praga, continuando su tarea bajo el patrocinio del emperador Rodolfo II, donde ocupó el cargo de astrónomo imperial. En años posteriores este emperador también apoyó a su discípulo Johannes Kepler, quién se había acercado a Brahe para obtener información matemática que le permitiera aclarar sus dudas sobre la forma de la órbita terrestre, dado que no estaba convencido de la circularidad planteada por Copérnico.

 

 Tycho era una persona que se caracterizaba por ser muy vehemente y gustoso de disfrutar los placeres de la vida, que incluían fiestas y banquetes, por lo que se lo puede caracterizar como un “playboy” del Renacimiento. Lucía una nariz con una prótesis metálica, para algunos de oro plata, y para otros, postura quizás más acertada, de latón; hay discrepancias en cuanto al tamaño de la misma; pero, en una pintura de la época se observa una pequeña cobertura metálica en la parte central del tabique nasal, por lo que, si la misma reflejaba la realidad de ese momento, puede arrojar luz sobre el tamaño de la prótesis; aunque los pintores solían ser benevolentes con los defectos físicos de quienes los contrataban. Lo interesante del caso, es que este aditamento, no fue consecuencia de un accidente, sino producto de una posible discusión matemática que sostuvo durante su época universitaria con un compañero de estudios, que culminó con un duelo con espadas donde su oponente le cortó la nariz, no obstante ello dicen que terminó triunfador. La placa metálica la usó hasta el fin de sus días.

Detalle de la nariz metálica en una pintura mural en el ayuntamiento de Copenhague, Dinamarca.

 

Sus extravagancias llegaban a tal extremo que tenía un alce como mascota y lo hacía tomar cerveza con él hasta emborracharlo. Un día, embriagó tanto al animal, llamado Rix, que éste cayó por las escaleras y se mató. También tenía a su servicio un enano de nombre Jeep, que actuaba de bufón y adivino personal.

 

Los últimos días de Tycho Brahe.    Según las fuentes de la época el día 13 de octubre de 1601, Tycho concurrió a una cena en Praga invitado por su mecenas el Barón Peter Vok von Rosenberg, donde estaba nada más ni nada menos que el canciller imperial. Como era su costumbre, comió y bebió exageradamente. El exceso de bebida le ocasionó la necesidad imperiosa de orinar, pero no se animó a levantarse por temor a incomodar a su ilustre anfitrión, raro en él, hombre acostumbrado a codearse con la nobleza, Y esa falta de decisión fue su perdición.

Según dejó escrito su propio discípulo, Kepler, quien lo acompaño en su lecho de muerte: "retuvo las aguas más allá de lo que exige la cortesía". Después de algunas horas, cuando terminó el banquete, al fin pudo ir al baño, pero no pudo orinar. Por aguantarse había desatado una enfermedad súbita en la vejiga y una infección que a los 54 años lo llevó a la tumba, en solo 11 días.  

 

En ese momento no era extraño pensar que había muerto de un cálculo renal o de una vejiga rota. Trascendidos de la época expresaban que Tycho sufría de una hipertrofia prostática o de algún otro desorden del sistema urinario, como uremia (urea en la sangre). Pero, lo que a ojos vista parecía una muerte natural, para  muchos no era así; al conocerse la trágica noticia diversas versiones siniestras circularon rápidamente en la sociedad de ese entonces, tanto el Barón Rosenberg, como el rey Christiano IV que había acusado a Tycho de hereje y lo obligo  a escapar rumbo a Praga, como así también Johannes Kepler quien tenía permanentes enfrentamientos con Brahe y se lo señalaba como amante de su mujer, todos ellos fueron blancos de sospechas de asesinato por envenenamiento. Con el tiempo la historia iba a tener otro desenlace.  

 

En 1901 un equipo dirigido por Heinrich Matiegka abrió la tumba de Brahe en Praga, con la finalidad de efectuar algunas determinaciones. Comprobaron que la famosa nariz metálica no estaba, por lo que no se pudo corroborar fehacientemente la forma y tamaño de la misma. El estudio fue descriptivo y tampoco encontró cálculos que afectaran a la vejiga.

Más interesantes resultaron las nuevas pruebas realizadas con métodos modernos en la década de 1990 sobre las mismas muestras preservadas por casi un siglo. Los resultados arrojaron ausencia de arsénico y presencia de mercurio y plomo, lo que llevó a los historiadores a hacerse la siguiente pregunta: ¿Tycho había sido envenenado por mercurio?.

 

Poco más de un siglo se tardó en encontrar la respuesta. Los restos de Brahe fueron exhumados nuevamente en 2010; esta vez por un equipo de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, liderado por el profesor de arqueología medieval Jens Velley. El análisis espectroscópico de sus huesos y cabello nuevamente detectó mercurio pero en cantidades minoritarias que no podían haberle causado la muerte. Los técnicos atribuyeron la presencia de mercurio al uso experimental por Tycho de este elemento. Por otro lado el análisis de los huesos del cráneo reveló altos niveles de cobre y zinc, lo que llevó a presumir que la prótesis nasal, había sido usada con frecuencia, y era de latón.

Los resultados de este último análisis dieron por tierra las teorías conspirativas sobre la muerte de Brahe, eximiendo de culpa alguna a Rosenberg, Christiano IV y Kepler. No obstante la historia sobre la vida y muerte de este prestigioso astrónomo no deja de ser fascinante.

¡Piensas distinto…, marcha preso!. Galileo Galilei (1564-1642), el sabio encarcelado por defender el heliocentrismo. Este notable hombre del renacimiento nació en la ciudad de Pisa, cuando esta pertenecía al Gran Ducado de Toscana, que en esa época era un estado independiente en la península itálica.

Él estudió en la universidad de su ciudad natal, donde adquirió conocimientos de medicina y filosofía, inclinándose más tarde por las matemáticas y la astronomía.

Retrato atribuido a Justus Sustermans (1597-1681). Muestra a un Galileo anciano que refleja su condición de hombre abatido condenado por la inquisición.


Se destacó por la intuitiva aplicación del método científico, siendo pionero en la experimentación avalada con análisis matemáticos. Como resultado de ello logró establecer varios principios sobre el movimiento que sentaron las bases de la física clásica, y que fundamentaron el trabajo posterior de Isaac Newton, que dio lugar a la formulación de la teoría de la gravitación universal.                                      

En 1638 se publica su obra “Discursos y Demostraciones Matemáticas en Torno a Dos Nuevas Ciencias”, donde demostró, que en ausencia de resistencia del aire u otras fuerzas externas, todos los cuerpos caen con la misma aceleración en un campo gravitatorio uniforme. Esto significa, que en el vació, objetos de diferente masa y composición caerán al mismo tiempo.

Una leyenda muy popularizada cuenta que Galileo realizó la comprobación de su teoría mediante un experimento en la Torre de Pisa (ver dibujo), demostrando que objetos de diferentes pesos caen a la misma velocidad, independientemente de su masa, refutando así la supuesta teoría aristotélica que sostenía que los objetos más pesados caen más rápido. 


No hay evidencia histórica concluyente de que este eminente hombre del renacimiento haya realizado este experimento en la Torre de Pisa. 

 

El verdadero experimento de la caída libre en el vacío fue realizado el 2 de agosto de 1971 por el astronauta David Randollph Scott durante la misión Apolo 15 cuando, al final de la última caminata en la Luna dejó caer al mismo tiempo sobre la superficie lunar, un martillo geológico de 1,3 kg y una pluma de halcón de unos 30 gramos, sostenidos el primero en su mano derecha y el segundo en la izquierda, ambos a la altura del pecho. Debido a que la atmósfera lunar es muy tenue, el aire no ofrece resistencia, motivo por el cual los dos objetos tocaron el suelo al mismo tiempo.


Se necesitaron unos 300 años para comprobar experimentalmente la teoría de Galileo Galilei. 

La realidad indica que en la Tierra, la resistencia del aire afecta la caída de los objetos, haciendo que, por ejemplo, dos esferas de diferente masa, una de plomo y otra de madera, la esfera de plomo caiga más rápido que la de madera. 

 

Galileo y su visión del cosmos

Un relato histórico señala que en 1609, Galileo recibe una carta de un exalumno que le informa de la invención de un instrumento construido por el óptico holandés Hans Lippershey que permite ver objetos distantes con mayor claridad. A este aparato Lippershey pretendió patentarlo con el nombre de  “instrumento para ver de lejos”, pero las autoridades holandesas no aceptaron registrarlo, quizás por considerar que el diseño no era novedoso o porque era de interés militar, no se sabe bien el motivo.

 

Al enterarse Galileo de la existencia de este aparato, decidió construir su propio instrumento. Poco tiempo después, en el mismo año 1609 alcanza su objetivo mejorando el dispositivo original. En versiones posteriores logra mayor eficiencia superando en 30 veces el aumento de la visión obtenido por Lippershey.

 

El nombre telescopio de “tele” (lejos) y “skopein” (mirar o ver), fue acuñado por el filósofo y matemático Giovanni Demisiani, para una versión del instrumento presentado por Galileo Galilei a la Accademia dei Lincei, durante un banquete realizado en Roma en honor a la incorporación de Galileo como miembro de la Accademia, en 1611. Esta institución científica sigue existiendo en la actualidad, y está catalogada como una de las más antiguas y prestigiosas del mundo.


Este invento marcó un hito muy importante en la vida de este eminente hombre del renacimiento. Con el realizó importantes investigaciones astronómicas cuyos resultados proporcionaron evidencias irrefutables para validar la teoría heliocéntrica de Copérnico. Entre las observaciones más relevantes están: el descubrimiento de las fases de Venus, las lunas de Júpiter, manchas solares, y montañas en la Luna; argumentos con los que rebatió contundentemente la teoría Aristotélica y Ptolemaica sobre el centralismo de la Tierra, y el carácter incorruptible y eterno de la materia celeste.

 


Galileo enseñando al duque de Venecia el uso del telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825-1898).

 

En agosto de 1610 Galileo le escribe a Johannes Kepler, expresando lo siguiente:

"Oh, mi querido Kepler, ¡cuánto desearía que pudiéramos reírnos juntos de la notable estupidez de la gente común! ¿Qué tienes que decir sobre los principales filósofos de esta academia, que están llenos de la terquedad de un asno y no quieren mirar ni los planetas, ni la luna, ni el telescopio, aunque les he ofrecido libre y deliberadamente la oportunidad mil veces? En verdad, así como el asno se tapa los oídos, estos filósofos cierran los ojos a la luz de la verdad?”

Este párrafo, refleja la frustración de Galileo con los filósofos que se negaban a aceptar sus descubrimientos. Él estaba plenamente convencido de la veracidad de la teoría copernicana; ser su defensor, le valió confrontar con la iglesia católica, que sólo aceptaba el geocentrismo. Tanto es así, que cuatro años después de publicar la obra “Sidereus Nuncius” (Mensajero sideral, 1610), donde detalla sus primeros descubrimientos astronómicos; la Iglesia, a través de cardenal Roberto Ballamino, advierte a Galileo que debe abstenerse de defender la teoría heliocéntrica.      

Esta advertencia marcó el inicio de una serie de eventos que sucedieron años después, entre ellos: en 1616 la Inquisición declaró el heliocentrismo "formalmente herético", el libro de Copérnico fue prohibido, la asunción de un nuevo Papa que no apoyó las ideas de Galileo, y la publicación en 1632 de su obra “Diálogo Sobre los dos Máximos Sistemas del Mundo”; hechos que llevaron finalmente en 1633 a concretar por la Santa Inquisición el proceso y condena por herejía del sabio.  

El juicio, la condena y la abjuración

Galileo fue acusado de herejía por sus postulados científicos que contradecían la visión de la Iglesia católica.

El 12 de abril de 1633 Galileo se presenta ante la Inquisición romana y comienza el juicio que se llevó a cabo en el Convento de Minerva, hoy basílica de Santa María sopra Minerva en Roma. No en el convento mismo, sino en instalaciones destinadas a la Inquisición.

El 22 de junio de 1633, Galileo escuchó la lectura de la sentencia firmada por 7 de los diez Cardenales del Santo Oficio, condenándolo a prisión perpetua por “sospechoso vehementemente de herejía” por defender la teoría heliocéntrica de Copérnico.

 

Galileo ante el Santo Oficio en 1633, pintura de von Joseph-Nicolas Robert-Fleury, siglo XIX.


Después de ser condenado culpable, fue obligado a arrodillarse y leer una extensa declaración en la que se retractaba, maldecía y detestaba sus creencias referidas al movimiento de la Tierra alrededor del Sol, y que tampoco manifestaría sus ideas en el futuro tanto a viva voz como por escrito. Esta abjuración fue la condición necesaria para que el Papa Urbano VIII le conmutara la pena de prisión perpetua por arresto domiciliario de por vida.

Galileo Galilei permaneció bajo arresto hasta su muerte el 8 de enero de 1642.

Poco más de 350 después, en 1992, la Iglesia Católica vindica a Galileo:

Gracias a su intuición como físico brillante y basándose en diversos argumentos, Galileo, quien prácticamente inventó el método experimental, entendió por qué solo el Sol podía ser el centro del mundo conocido, es decir, del sistema planetario. El error de los teólogos de la época, al defender la centralidad de la Tierra, fue pensar que nuestra comprensión de la estructura física del mundo estaba impuesta por el sentido literal de la Sagrada Escritura...

                                                                              Papa Juan Pablo II

                                                  L'Osservatore Romano N. 44 (1264)

                                                                       4 de noviembre de 1992








Referencias


Junquera Cubiles, E. 2014. Tycho  Brahe.  Señor  de  los  cielos. E.M. Nº 48.
https://astro-logy.es/teorias/como-murio-tycho-brahe/
https://cordis.europa.eu/article/id/32763- 2023.scientists-exhume-16th-century-pioneer-of-astronomy/es
https://en.wikipedia.org/wiki/Tycho_Brahe
https://es.wikipedia.org/wiki/Nicol%C3%A1s_Cop%C3%A9rnico
https://es.wikipedia.org/wiki/Heliocentrismo_copernicano
https://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei
https://www.abc.es/ciencia/abci-experimento-lunar-razon-galileo-galilei
https://www.google.com/search?q=astronauta+scott
https://www.google.com/search?q=Exhumacion+de+1901+de+tycho. 
https://www.google.com/search?q=galileo+galilei+biograf
Manzoni, C. 2019.La Nación. 2019. La curiosa historia del astrónomo con nariz de oro que murió por no animarse a ir al baño. La Nación.
Pignatelli, A. 2025. Nicolás Copérnico, el hombre que descubrió que los planetas giraban alrededor del Sol, pero dudó en darlo a conocer. Infobae, historia.



Comentarios

  1. Excelente profe, como siempre ilustrando la historia

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  2. Que exquisita lectura, felicitaciones.

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  3. Felicitaciones!! Hermoso artículo! Como nos costó a los seres humanos asumir que no somos el centro del universo.

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    1. Muchas gracias Romina. Es una de las tres heridas del narcisismo de Freud.

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    2. Muchas gracias Romina, siempre atenta

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  4. Me encantó. Siempre es interesante leer los dramas que vivieron las grandes mentes de otras épocas, siempre adelantados a su tiempo (ha de ser el precio a pagar por tener ideas tan brillantes y salirse del esquema).

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