EL ALTO PRECIO DE LA VERDAD CIENTÍFICA. TRES HISTORIAS TEÑIDAS DE DRAMA. Por Julio Stampone
“Cambiaré de opinión tantas veces y
tan a menudo como adquiera nuevos conocimientos… Compadezco de todo corazón a
todos los que después de haber adquirido y expresado una opinión no puedan
abandonarla nunca más”.
Florentino Ameghino (1854-1911)
El sabio que temió postular su
teoría heliocéntrica, Nicolás Copérnico (1473-1543). Él nació en Thorn o
Torún, Prusia Real, Reino de Polonia, hoy República de Polonia. Si bien la idea
del heliocentrismo había sido formulada dieciocho siglos antes por el astrónomo y matemático griego Aristarco de
Samos (310 a.C. – 230 a.C.), quién anticipándose a su tiempo demostró que la
Tierra giraba una vez al año alrededor del Sol, y una vez al día sobre su
propio eje. Este modelo fue rechazado por las personas cultas de la época
porque se oponía a la visión aceptada en ese momento, de un universo con la
Tierra situada en su centro, por lo que continuó prevaleciendo por siglos la
teoría geocentrista.
El mérito de Copérnico fue el de proponer
un sistema astronómico en el cuál el Sol, inmóvil, se situaba en el centro del
universo con la Tierra y los demás planetas conocidos en ese momento (Mercurio,
Venus, Marte, Júpiter y Saturno) girando a su alrededor en órbitas circulares y
a velocidades uniformes; oponiéndose a las ideas imperantes de Aristóteles y
Ptolomeo, que situaban a la Tierra en el
centro del universo. Con él, la Tierra perdió su protagonismo.
1- La Tierra es uno de los varios planetas que en un orden determinado, giran alrededor de un Sol estacionario.
2- La Tierra tiene tres movimientos: rotación diaria sobre su eje, translación anual alrededor del Sol, e inclinación de su eje.
3- El movimiento retrógrado de los planetas más alejados de la Tierra, como Marte, Júpiter y Saturno. Desde la Tierra se ve que estos astros periódicamente se alejan y se acercan al Sol. Copérnico explicó que estos movimientos denominados retrógrados son aparentes no reales.
4- La distancia de la Tierra al Sol es pequeña en comparación con la distancia del Sol a las estrellas.
Este médico, matemático, astrónomo y hasta religioso, interpretó bien en contexto social de la época que le tocó vivir, donde sus ideas se oponían al pensamiento eclesiástico; por lo que actúo prudentemente para que su teoría no incomode a la iglesia.
Poco tiempo después,
ansioso de dar a conocer sus descubrimientos sobre los movimientos de los
planetas respecto del Sol, hace circular entre amigos y conocidos estudiosos
del universo, un manuscrito escrito en latín y sin firma, nadie objetó su
autoría, denominado “Commentariolus”
(pequeños comentarios). En este documento de cuarenta páginas, por primera vez
Copérnico expone sus ideas, omitiendo incluir detalles de las observaciones y cálculos, que se encontrarían
contenidos en un trabajo ulterior. No se conoce con exactitud cuando escribió
esta obra, pero se estableció que fue antes de 1514, porque con fecha 1º de
mayo de ese año aparece en el catálogo bibliográfico de Maciej de Miechów, canónigo e historiador del siglo XVI.
Después de algo
más de 30 años de la redacción del manuscrito, en 1536, Nikolaus von Schönberg,
arzobispo de Capua, escribió a Copérnico desde Roma y le pidió una copia de sus
escritos. Las ideas de Copérnico, habían comenzado a preocupar a la iglesia.
Se sabe
que Tycho Brahe obtuvo una copia en 1575, y
posteriormente dio a conocer entre estudiantes y colegas como muestra de su
respeto científico por Copérnico.
Del
Commentariolus sólo sobrevivió una copia manuscrita, que fue impresa y publicada
recién en la segunda mitad del siglo XIX.
Impresión del manuscrito “Commentariolus” del siglo XIX.
Finalmente, Copérnico concluyó su revolucionaria teoría en la obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), pero
no se animaba a publicarla, según algunos por temor al ridículo y a represalias
de la iglesia.
De acuerdo a fuentes de la época, se sabe que un joven catedrático de
matemáticas y astronomía de la Universidad de Wittenberg de nombre Georg
Joachim Rheticus, habiendo tomado conocimiento de la teoría copernicana, en
1539 viajó a Frauenburg para interiorizarse sobre la misma, ahí conoció a Copérnico, estudió dos años con él, y lo
animó a publicar su obra, incluso fue el mismo Rheticus quien llevó el
manuscrito a Núremberg para su publicación, que se concretó en 1543.
El drama
Cercano el fin de su vida, una versión no confirmada señala que finalizando
el año 1542 Copérnico se enfermó y quedó postrado, y sólo lo mantenía vivo la
esperanza de ver publicado su libro. Él pasaba la mayor parte del tiempo inconsciente,
pero, al despertar el 24 de mayo de 1543, vio a alguien que tenía el anhelado
libro en sus manos. Lo tomó, leyó la primera página y no pudo continuar,
falleció. No alcanzó a ver la segunda hoja, donde el teólogo luterano Andreas
Osiander, encargado de la impresión del libro, con la finalidad de atenuar las
probables críticas religiosas que implicaba quitarle a la Tierra su
protagonismo, había agregado por su cuenta un prefacio titulado “Ad lectorem”
(Al Lector). El texto del prefacio sugería que la teoría heliocéntrica era sólo
una hipótesis interesante, que no debía ser entendida como una descripción del universo como
este realmente era, sino como una herramienta matemática para aclarar y
simplificar los cálculos que tienen que ver con el movimiento de los planetas, y no pretendía ser una verdad literal. Como el texto no estaba firmado se
pensó que el autor de la aclaración había sido Copérnico. Probablemente el prefacio bien intencionado
salvó la obra y la memoria del sabio.
La verdadera autoría de prefacio fue descubierta a principios del siglo XVII
por Johannes Kepler, quién reveló tal acción al hacer pública la
correspondencia mantenida entre Osiander y Rheticus, donde se mencionó el tema.
Otra versión de los hechos, exenta de dramatismo, señala que el autor de la
teoría heliocéntrica murió el 24 de mayo de 1543, poco antes de la publicación
de su libro, por lo que no pudo haber leído el prefacio.
En 1616 la Iglesia Católica
consideró “falsa doctrina” a la teoría heliocéntrica, ordenando suspender la
publicación hasta que fuera corregida, dado que contradecía las interpretaciones bíblicas
predominantes en la época al afirmar que el Sol era el centro del universo, no
la Tierra. En 1758, durante el papado de Benedicto XVI, el libro de
Copérnico fue retirado del Índice de Libros Prohibidos. Y recién en 1992,
después de una investigación iniciada por el papa Juan Pablo II, la Iglesia
Católica reconoció formalmente la teoría heliocéntrica.
Desde
su formulación en 1543 esta teoría tuvo una aceptación limitada, hasta que las
observaciones telescópicas del sistema solar realizadas por Galileo Galilei
(1564-1642) confirmaron el movimiento de los planetas alrededor del Sol. Mientras tanto, Johannes Kepler
(1571-1630) analizando las trayectorias de las órbitas de los planetas comprobó
que no eran circulares sino elípticas. Más tarde Isaac Newton (1643-1727) con
su ley de la gravitación universal explicaría el porqué del movimiento de los
astros; este avance en el conocimiento descartó definitivamente el arcaico concepto
de que el movimiento planetario era una cuestión de armonía astral y
proporciones matemáticas.
La misteriosa muerte de Tycho Brahe
(1546-1601). Este
prestigioso astrónomo y matemático nació en Escania, hoy Suecia, en ese
entonces Dinamarca. Su talento científico era tan grande, que utilizando
simples instrumentos disponibles en esa época, incluso algunos diseñados por
él, obtuvo importantes logros; entre otros, determinó la posición de unas 800
estrellas, y propuso un sistema solar
intermedio entre la concepción geocéntrica y la heliocéntrica, donde los planetas giraban alrededor del Sol, que a su vez se
movía alrededor una Tierra estacionaria. Su propuesta no se oponía a la
idea religiosa imperante en ese momento
de una Tierra posicionada en el centro del universo, pero, indirectamente
también apoyaba el sistema copernicano.
Sistema de transición entre la teoría geocéntrica
y la holocéntrica.
La Tierra estática es el centro del Universo,
mientras que los planetas conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno)
giran alrededor del Sol.
También fue él, quien acuño el término “nova”, para designar una
nueva estrella que observó en la constelación de Casiopea en 1572; más tarde,
en épocas modernas resultó ser una supernova, hoy conocida como Nova Tycho o
SN1972. El descubrimiento puso en duda la teoría geocéntrica de Aristóteles, ya
que la inalterabilidad de la materia celeste postulada por este filósofo no
era tal.
Dibujo observatorio
astronómico de la Isla de Ven (Uraniborg).
Más tarde, en 1599, se estableció en Praga, continuando su tarea
bajo el patrocinio del emperador Rodolfo II, donde ocupó el cargo de astrónomo
imperial. En años posteriores este emperador también apoyó a su discípulo
Johannes Kepler, quién se había acercado a Brahe para obtener información
matemática que le permitiera aclarar sus dudas sobre la forma de la órbita
terrestre, dado que no estaba convencido de la circularidad planteada por
Copérnico.
Detalle
de la nariz metálica en una pintura mural en el ayuntamiento de Copenhague,
Dinamarca.
Sus extravagancias llegaban a tal extremo que
tenía un alce como mascota y lo hacía tomar cerveza con él hasta emborracharlo.
Un día, embriagó tanto al animal, llamado Rix, que éste cayó por las escaleras
y se mató. También tenía a su servicio un enano de nombre Jeep, que actuaba de
bufón y adivino personal.
Los
últimos días de Tycho Brahe. Según las fuentes de la
época el día 13 de octubre de 1601, Tycho concurrió a una cena en Praga invitado
por su mecenas el Barón Peter Vok von Rosenberg, donde estaba nada más ni nada
menos que el canciller imperial. Como era su costumbre, comió y bebió exageradamente.
El exceso de bebida le ocasionó la necesidad imperiosa de orinar, pero no se
animó a levantarse por temor a incomodar a su ilustre anfitrión, raro en él,
hombre acostumbrado a codearse con la nobleza, Y esa falta de decisión fue su
perdición.
Según dejó escrito su propio discípulo, Kepler, quien lo acompaño en su
lecho de muerte: "retuvo las aguas más allá de lo que exige la cortesía". Después
de algunas horas, cuando terminó el banquete, al fin pudo ir al baño, pero no
pudo orinar. Por aguantarse había desatado una enfermedad súbita en la vejiga y
una infección que a los 54 años lo llevó a la tumba, en solo 11 días.
En ese momento no era extraño pensar que había muerto
de un cálculo renal o de una vejiga rota. Trascendidos de la época expresaban que
Tycho sufría de una hipertrofia prostática o de algún otro desorden del sistema
urinario, como uremia (urea en la sangre). Pero, lo que a ojos vista parecía
una muerte natural, para muchos no era
así; al conocerse la trágica noticia diversas versiones siniestras circularon
rápidamente en la sociedad de ese entonces, tanto el Barón Rosenberg, como el
rey Christiano IV que había acusado a Tycho de hereje y lo obligo a escapar rumbo a Praga, como así también
Johannes Kepler quien tenía permanentes enfrentamientos con Brahe y se lo
señalaba como amante de su mujer, todos ellos fueron blancos de sospechas de
asesinato por envenenamiento. Con el tiempo la historia iba a tener otro
desenlace.
En 1901 un equipo dirigido por Heinrich Matiegka abrió
la tumba de Brahe en Praga, con la finalidad de efectuar algunas
determinaciones. Comprobaron que la famosa nariz metálica no estaba, por lo que
no se pudo corroborar fehacientemente la forma y tamaño de la misma. El estudio
fue descriptivo y tampoco encontró cálculos que afectaran a la vejiga.
Más interesantes resultaron las nuevas pruebas
realizadas con métodos modernos en la década de 1990 sobre las mismas muestras
preservadas por casi un siglo. Los resultados arrojaron ausencia de arsénico y
presencia de mercurio y plomo, lo que llevó a los historiadores a hacerse la
siguiente pregunta: ¿Tycho había sido envenenado por mercurio?.
Poco más de un siglo se tardó en encontrar la
respuesta. Los restos de Brahe fueron exhumados nuevamente en 2010; esta vez
por un equipo de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, liderado por el profesor
de arqueología medieval Jens Velley. El análisis espectroscópico de sus huesos
y cabello nuevamente detectó mercurio pero en cantidades minoritarias que no
podían haberle causado la muerte. Los técnicos atribuyeron la presencia de
mercurio al uso experimental por Tycho de este elemento. Por otro lado el
análisis de los huesos del cráneo reveló altos niveles de cobre y zinc, lo que
llevó a presumir que la prótesis nasal, había sido usada con frecuencia, y era
de latón.
Los resultados de este último análisis dieron por
tierra las teorías conspirativas sobre la muerte de Brahe, eximiendo de culpa alguna
a Rosenberg, Christiano IV y Kepler. No obstante la historia sobre la vida y
muerte de este prestigioso astrónomo no deja de ser fascinante.
Él estudió en la universidad de su ciudad natal, donde
adquirió conocimientos de medicina y filosofía, inclinándose más tarde por las
matemáticas y la astronomía.
Retrato atribuido a Justus
Sustermans (1597-1681). Muestra a un Galileo anciano que refleja su condición
de hombre abatido condenado por la inquisición.
Se destacó por la intuitiva aplicación del método
científico, siendo pionero en la experimentación avalada con análisis
matemáticos. Como resultado de ello logró establecer varios principios sobre el
movimiento que sentaron las bases de la física clásica, y que fundamentaron el
trabajo posterior de Isaac Newton, que dio lugar a la formulación de la teoría
de la gravitación universal.
En 1638 se publica su obra “Discursos y Demostraciones
Matemáticas en Torno a Dos Nuevas Ciencias”, donde demostró, que en ausencia de
resistencia del aire u otras fuerzas externas, todos los cuerpos caen con la
misma aceleración en un campo gravitatorio uniforme. Esto significa, que en el vació, objetos de diferente masa
y composición caerán al mismo tiempo.
No hay evidencia histórica
concluyente de que este eminente hombre del renacimiento haya realizado este experimento en la Torre
de Pisa.
Se necesitaron unos 300 años
para comprobar experimentalmente la teoría de Galileo Galilei.
La realidad indica que en la
Tierra, la resistencia del aire afecta la caída de los objetos, haciendo que,
por ejemplo, dos esferas de diferente
masa, una de plomo y otra de madera, la esfera de plomo caiga más rápido que la de madera.
Galileo y su visión del cosmos
Un relato histórico
señala que en 1609, Galileo recibe una carta de un exalumno que le informa de
la invención de un instrumento construido por el óptico holandés Hans Lippershey
que permite ver objetos distantes con mayor claridad. A este aparato Lippershey
pretendió patentarlo con el nombre de
“instrumento para ver de lejos”, pero las autoridades holandesas no
aceptaron registrarlo, quizás por considerar que el diseño no era novedoso o
porque era de interés militar, no se sabe bien el motivo.
Al enterarse Galileo de
la existencia de este aparato, decidió construir su propio instrumento. Poco
tiempo después, en el mismo año 1609 alcanza su objetivo mejorando el
dispositivo original. En versiones posteriores logra mayor eficiencia superando
en 30 veces el aumento de la visión obtenido por Lippershey.
El nombre telescopio de
“tele” (lejos) y “skopein” (mirar o ver), fue acuñado por el filósofo y
matemático Giovanni Demisiani, para una versión del instrumento presentado por
Galileo Galilei a la Accademia dei Lincei, durante un banquete realizado en
Roma en honor a la incorporación de Galileo como miembro de la Accademia, en
1611. Esta institución científica sigue existiendo en la actualidad, y está
catalogada como una de las más antiguas y prestigiosas del mundo.
Galileo enseñando al duque de Venecia el uso del telescopio. Fresco de Giuseppe Bertini (1825-1898).
En agosto de 1610 Galileo le escribe a Johannes Kepler, expresando lo
siguiente:
"Oh, mi querido
Kepler, ¡cuánto desearía que pudiéramos reírnos juntos de la notable estupidez
de la gente común! ¿Qué tienes que decir sobre los principales filósofos de
esta academia, que están llenos de la terquedad de un asno y no quieren mirar
ni los planetas, ni la luna, ni el telescopio, aunque les he ofrecido libre y
deliberadamente la oportunidad mil veces? En verdad, así como el asno se tapa
los oídos, estos filósofos cierran los ojos a la luz de la verdad?”
Este párrafo, refleja la frustración de Galileo con los filósofos que se negaban a aceptar sus descubrimientos. Él estaba plenamente convencido de la veracidad de la teoría copernicana; ser su defensor, le valió confrontar con la iglesia católica, que sólo aceptaba el geocentrismo. Tanto es así, que cuatro años después de publicar la obra “Sidereus Nuncius” (Mensajero sideral, 1610), donde detalla sus primeros descubrimientos astronómicos; la Iglesia, a través de cardenal Roberto Ballamino, advierte a Galileo que debe abstenerse de defender la teoría heliocéntrica.
Esta advertencia marcó el inicio de una serie de eventos que sucedieron
años después, entre ellos: en 1616 la Inquisición declaró el heliocentrismo
"formalmente herético", el libro de
Copérnico fue prohibido, la asunción de
un nuevo Papa que no apoyó las ideas de Galileo, y la publicación en 1632 de su
obra “Diálogo Sobre los dos Máximos Sistemas del Mundo”; hechos que llevaron
finalmente en 1633 a concretar por la Santa Inquisición el proceso y condena
por herejía del sabio.
El juicio, la condena
y la abjuración
Galileo fue acusado de herejía por sus postulados
científicos que contradecían la visión de la Iglesia católica.
El 12 de abril de 1633 Galileo se presenta ante la
Inquisición romana y comienza el juicio que se llevó a cabo en el Convento de
Minerva, hoy basílica de Santa María sopra Minerva en Roma. No en el convento
mismo, sino en instalaciones destinadas a la Inquisición.
Galileo
ante el Santo Oficio en 1633, pintura de von Joseph-Nicolas Robert-Fleury, siglo XIX.
Después de ser condenado culpable, fue obligado a
arrodillarse y leer una extensa declaración en la que se retractaba, maldecía y
detestaba sus creencias referidas al movimiento de la Tierra alrededor del Sol,
y que tampoco manifestaría sus ideas en el futuro tanto a viva voz como por
escrito. Esta abjuración fue la condición necesaria para que el Papa Urbano
VIII le conmutara la pena de prisión perpetua por arresto domiciliario de por
vida.
Galileo Galilei permaneció bajo arresto hasta su muerte el 8 de enero de 1642.
Poco más de 350 después, en 1992, la Iglesia Católica
vindica a Galileo:
Gracias a su intuición como físico brillante y basándose en diversos argumentos, Galileo, quien prácticamente inventó el método experimental, entendió por qué solo el Sol podía ser el centro del mundo conocido, es decir, del sistema planetario. El error de los teólogos de la época, al defender la centralidad de la Tierra, fue pensar que nuestra comprensión de la estructura física del mundo estaba impuesta por el sentido literal de la Sagrada Escritura...
Papa Juan Pablo II
L'Osservatore Romano N. 44 (1264)
4 de noviembre de 1992
Referencias











Excelente profe, como siempre ilustrando la historia
ResponderBorrarMuchas gracias Edith siempre enriquecedores tus comentarios
BorrarQue exquisita lectura, felicitaciones.
ResponderBorrarMuchas gracias por tu comentario Rodrigo
BorrarMuchas gracias Rodrigo
BorrarFelicitaciones!! Hermoso artículo! Como nos costó a los seres humanos asumir que no somos el centro del universo.
ResponderBorrarMuchas gracias Romina. Es una de las tres heridas del narcisismo de Freud.
BorrarMuchas gracias Romina, siempre atenta
BorrarMe encantó. Siempre es interesante leer los dramas que vivieron las grandes mentes de otras épocas, siempre adelantados a su tiempo (ha de ser el precio a pagar por tener ideas tan brillantes y salirse del esquema).
ResponderBorrarGracias por tu comentario
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