LOS TRES TRIUNFOS DE LA CIENCIA SOBRE EL NARCISISMO DE LA SOCIEDAD. Por Julio Stampone
Con solo temer a la mediocridad, ya se
está a salvo.
Sigmund Freud (1856-1939)
Los triunfos mencionados en el acápite están referidos a los planteados por el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quién en un ensayo de 1917 titulado “Una dificultad del psicoanálisis”, desarrolla el concepto de las “tres heridas al narcisismo de la humanidad”. Estas heridas, consideradas “ofensas”, fueron causadas por la investigación científica, que en su afán de búsqueda de la verdad produjo graves heridas en el amor propio de influyentes y dominantes sectores de la sociedad. Entre las afrentas está su propia teoría psicoanalítica, que según él, constituye la humillación más impactante.
Para
entender el significado de la expresión “heridas al narcisismo”; basta con
recordar el mito griego de Narciso que cuenta la historia de un
joven de extraordinaria belleza que despreciaba a todo aquél que se enamorara
de él, incluyendo a la ninfa Eco. Para castigarlo por su crueldad, la
diosa Némesis, responsable de la justicia retributiva, el equilibrio y la venganza;
hizo que se enamorara de su propio reflejo en un estanque. Incapaz de
apartarse de su imagen, Narciso murió de pena y en el lugar de su muerte creció
la flor que lleva su nombre.
Esta
versión del mito es atribuida al poeta romano Ovidio, quién la incluyó en el
Libro III de “Las Metamorfosis” obra escrita aproximadamente entre los años I d.C.
y 8 d.C., de la que no se conservan ejemplares originales. Sin embargo se cree
que el mito es mucho más antiguo, posiblemente del siglo VI a.C. y por
trasmisión oral más tarde llegó a Ovidio. El mito se interpretó de diversas
maneras a lo largo del tiempo, pero se
considera más factible que se originó en la antigua Grecia como una advertencia
sobre los peligros de la vanidad y el amor propio.
Probablemente,
Freud adoptó el término narcisismo en un contexto psicoanalítico referido a una
humanidad geocéntrica que priorizó su propio punto de vista e ignoró o minimizó
las perspectivas de los demás. Tanto es así, que él manifiesta que es posible
ver al narcisismo en el hombre primitivo, dado que se lo observa en el hecho
que este hombre cree en la omnipotencia de sus pensamientos, y por eso pretende
influir sobre los eventos del mundo exterior mediante la técnica de la magia. Ese
narcisismo o “amor propio de la humanidad”, hasta el momento (1917) ha recibido
tres graves ofensas por parte de la investigación científica, ellas son: “la ofensa cosmológica”, “la ofensa
biológica” y “la ofensa psicológica”.
La ofensa cosmológica
Esta
ofensa explica como la evolución del conocimiento científico del sistema
planetario afecto el ego de la humanidad, particularmente, a la sociedad
clerical que desde antaño pensaba y sostenía que la Tierra, inmóvil, era el
centro del Universo.
Este
concepto geocentrista fue exquisitamente
desarrollado por Aristóteles (384 a.C.322 a.C.) primero y perfeccionado
por Ptolomeo unos 500 años después.
El sistema aristotélico
servía para explicar el comportamiento de los objetos en la vida cotidiana,
pero establecía una diferencia sustancial entre la materia terrestre y la del
resto de los astros. La materia que se encontraba en la Tierra se destruía y
caía, mientras que la que formaba los otros cuerpos celestes era inalterable,
eterna y siempre permanecía en el espacio. Esto puede asociarse al concepto
religioso del desprendimiento del alma del cuerpo en el momento de la muerte:
lo existente en la Tierra se deteriora y lo que está en el cielo, lugar hacia
donde van las almas, siempre perdura. Es la promesa de la vida eterna en el más
allá. Para Freud, el centralismo del planeta garantizaba al hombre su función
predominante en el Universo, y le resultaba muy de acuerdo con su tendencia a
sentirse dueño y señor del mundo.
El geocentrismo perduró por siglos, hasta que
Nicolás Copérnico (1473-1543), publica en 1543 su
obra De Revolutionibus Orbium Coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), en
la que expone detalladamente su revolucionaria teoría heliocéntrica, donde la
Tierra pierde su protagonismo centrista, demostrando que el Sol, inmóvil, es el
que ocupa el centro del Universo conocido.
Cuando esta postura encuentra reconocimiento universal, el amor propio
de los seres humanos experimenta su primera ofensa, la cosmológica.
Nicolás Copérnico
En 1616 la Iglesia Católica
consideró “falsa doctrina” a la teoría heliocéntrica, ordenando suspender la
publicación hasta que fuera corregida, dado que contradecía las interpretaciones
bíblicas predominantes en la época al afirmar que el Sol era el centro del universo,
no la Tierra.
En
1758, durante el papado de Benedicto XVI, el libro de Copérnico fue retirado
del Índice de Libros Prohibidos. Y, recién en 1992, después de una
investigación iniciada por el papa Juan Pablo II, la Iglesia Católica reconoció
formalmente la teoría heliocéntrica. Sigmund Freud no llegó a enterarse.
La ofensa biológica
En
su ensayo, Freud expresa que en el curso de su evolución cultural, el hombre se
consideró como soberano de todos los
seres que poblaron la Tierra. Y no contento con tal soberanía comenzó a abrir
un abismo entre él y ellos. Les negó la razón, y se atribuyó un alma inmortal y
un origen divino, que le permitió romper todo lazo de comunidad con el mundo
animal.
En otro párrafo él dice que en el estadio de
totemismo (cuando un grupo humano se identificaba en una relación sagrada con
un tótem -animal, planta o elemento natural-, considerado su ancestro protector
o símbolo de unidad), el hombre primitivo no encontraba depresivo hacer
descender su estirpe de un antepasado animal. Como así también, por otro lado, interpreta
que durante la niñez el humano no siente diferencia alguna entre su propio ser
y el del animal; aceptando sin asombro que los animales de las fábulas piensen y hablen…; sólo más tarde llega a
sentirse tan distinto de los animales, al grado tal, que utiliza sus nombres
como calificativo insultante para otras personas.
La aceptación de la teoría evolucionista
constituye la segunda ofensa al amor propio de la humanidad.
La
ofensa psicológica
Considerada por Freud la ofensa más sensible, donde
el hombre, aunque exteriormente humillado, se siente soberano en su propia
alma.
Es el mismo Freud quién genera esta tercer afrenta que trata del “inconsciente”, descubierto por
él, y que modifica las concepciones del hombre, considerando que el ser humano
no es completamente racional y consciente, sino que está influenciado por
aspectos inconscientes situados en la parte de la mente/alma que contienen
pensamientos, recuerdos y deseos que no están disponibles para la conciencia.
De la misma manera que hay gente que se resiste a la
evolución humana hay muchos psicólogos y filósofos que no aceptan la existencia
del inconsciente, es aquí donde el padre del psicoanálisis hiere el narcicismo
de la humanidad.
¿El temor a la IA, será una nueva ofensa al amor
propio de la humanidad?
Para 1917, cuando Sigmund Freud
publicó su ensayo, no se tenían noticias de los mecanismos informáticos que hoy
conocemos y nos resultan tan comunes en la vida cotidiana, y por supuesto
inimaginable para esa época la inteligencia artificial (IA). Resulta
paradójico, que la misma ciencia que para Freud ofendió el narcisismo de la
humanidad, haya construido está “máquina informática (IA)” supuestamente
pensante, que ha puesto en jaque a la humanidad en una relación compleja que
generó opiniones encontradas entre filósofos, científicos y tecnólogos. Hay
quienes expresan temor de que supere el pensamiento humano, manifestando
preocupación sobre su impacto en el futuro, representando una amenaza para la
humanidad; mientras otros sólo ven una herramienta poderosa para mejorar la
vida.
En el afán de encontrar una respuesta, le pregunte a la propia IA ¿Cómo se percibía? Y si está percepción la podía expresar en un dibujo o una figura; como respuesta obtuve las siguientes imágenes:
En el afán de encontrar una respuesta, le pregunte a la propia IA ¿Cómo se percibía? Y si está percepción la podía expresar en un dibujo o una figura; como respuesta obtuve las siguientes imágenes:
En las dos primeras se
observa lo que serían dos cerebros, uno aislado y otro en una cabeza humana,
conectados a máquinas en un ambiente de alta tecnología digital. Mientras que
la tercer imagen podría ser un robot humanoide. En síntesis las tres figuras
creadas por la IA, según ella se percibe tiene característica antrópicas. Quizá
estos algoritmos y datos procesados que simulan inteligencia humana, sólo se
deba a que está construida por humanos.
Referencias
Edwars. J. 2025. Narciso en la mitología griega: El
relato del amor propio y la tragedia.
Freud. S. 1981. Ensayo: “Una dificultad del
psicoanálisis” (1917). Obras Completas de Sigmund Freud. TIII (1916-1938).
Biblioteca Nueva.
https://www.ceupe.com/blog/la-ia-piensa-por-si-misma.html
https://www.google.com/search?q=mito+de+Narciso+quien+lo+escribio&rlz=...
https://www.google.com/search?q=sigmund+freud+biografia&rlz=...
https://thedecisionlab.com/biases/dunning-kruger-effect
Stampone,
J. 2003. Geología: una visión a partir del cosmos. UNPSJB.
Stampone.
J. 2025. Geología Amigable. Doce artículos para cultivarse y disfrutar.
Agradecimientos
A
la Psicóloga Romina Stampone por el asesoramiento en el tema de su
especialidad.
A
Graciela Álvarez por la lectura crítica del manuscrito.



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